La covada o cuando los hombres querían parir



¡Buenos días! Aquí tenéis mi respuesta al enigma del miércoles.

El posparto y puerperio siempre has sido considerados momentos muy delicados, tanto para la madre como para el recién nacido. En todas las culturas esos momentos han suscitado mitos, costumbres y tradiciones muy diversas.

Hace poco recibí un regalito muy bonito de una buena amiga. Un librito titulado "El nacimiento. Costumbres y creencias" escrito hace años por el etnógrafo Joan Amades. En él explica una de estas curiosas costumbres: la covada.

Si bien el Diccionario de la Real Academia hace derivar la palabra del francés couvade, yo me atrevo a proponer que en realidad venga del verbo covar (en catalán) o couvar (en francés) que significa incubar un huevo.

Pero bueno, y ¿qué es la covada? Se dice de una costumbre según la cuál la madre, una vez ha parido, cede su lugar en la cama al padre y éste da cuidados al bebé como si lo hubiera parido él.

La primera mención conocida de esta costumbre nos la aporta Estrabón, un escritor griego que escribió en época romana. Él dice que entre los pueblos del norte de la Península "cuando las mujeres paren, ponen sus maridos en la cama y ellas mismas les sirven".


Miniatura de un manuscrito del s.XIII donde se relataban los viajes de Marco Polo.


Después, en la época medieval, hay muchas referencias al País Vasco Norte y el Bearn (otra región pirenaica), sobre todo en la literatura francesa, que hablan de esta costumbre y le ponen el nombre de couvade. Joan Amades habla de posibles tradiciones similares en Ibiza y pueblos pirenaicos. Aunque en la época en que él escribe ya sería una tradición desaparecida. No está claro hasta qué punto pervivió la covada en Europa, porque no hay testigos directos y, en caso de haber sobrevivido, posiblemente sería una costumbre escondida, por la vergüenza que supondría para los hombres el ser tratados “como mujeres”.

Sí que existen referencias más lejanas acreditadas, en la Guayana Francesa, la India o el Amazonas. Precisamente de este último lugar es donde he encontrado el testimonio del Comandante Marcel escrito a principios de siglo, hablando de los indios de la tribu de los Erayo (de la familia de los Miranhas):
"Durante la ausencia de la mujer, el marido se ha acostado. A su vuelta, la madre le entrega el hijo y vuelve a sus quehaceres en la cocina. El padre, habiendo tomado al hijo en sus brazos, lo mece, lo arrulla y se pone a dar gritos desgarradores. A esta señal, la gente de la casa viene a felicitarle por haber dado ese niño al mundo y lo exhortan a soportar con valor los sufrimientos consiguientes. Esta parodia parecería ridícula si no tuviera su lado enternecedor: durante un cuarto de luna, el padre no absorberá ningún alimento sólido y así tomará una parte de los sufirmientos de la madre".

Hay muchas teorías que intentan explicar esta tradición. Una de las que me ha parecido más interesante explica este rito como aparecido en un momento de transición entre las llamadas sociedades matriarcales (donde la mujer es el eje social) y a las patriarcales (la mayoría que se conocen, donde el hombre tiene el poder público y privado). En el fondo, para resolver el gran problema que han tenido los hombres para asegurar su poder ante la herencia: no era posible saber con certeza que ese hijo era suyo. Esta tradición sería una especie de "certificado de paternidad" y el reconocimiento social del padre.

Hoy en día existe el llamado “síndrome de la couvade”. Parece que en algunos lugares (creo que básicamente en el mundo occidental, y más concretamente en Estados Unidos) los hombres sufren una especie de embarazo psicológico y tienen síntomas parecidos.

Bien, pues ahora ya sabéis qué hacía ese hombre en la cama con el recién nacido. Ahora os toca a vosotras ¿cómo lo veis?

12 comentarios:

  1. A mi lo que no me cuadra es que la mujer, recien parida, tenga que servir al marido sólo para que él se sienta "partícipe" del parto....!!

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    1. Pues sí, onavis. Hace tiempo lo públique en el otro blog le vi su parte bueno, pero la verdad es que cuando preparaba la entrada pensaba que es muy hevy, el único momento en que podían ser protagonistas se lo quitan. Un desastre de tradición, vamos.

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  2. :) La verdad es que después del parto me encontré super bien, si algo no quería era quedarme en cama. Dos horas después del parto estaba duchada, con ropa de calle (aunque estuviese en el hospital) y con subidón de energía. Prefiero que sea él el que se quede en cama y yo disfrutar de la energía y el peso (físico) desaparecido.

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    1. Que bien! La verdad es que sí que tienes un subidón los primeros días si el parto ha ido bien. Creo que el próximo a ti te toca tenerlo en casa! Eres una campeona! :)

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  3. Pues esto sigue pasando, al menos en mi casa, jajaja. De verdad, mi marido se porta como si fuera la madre de la criatura, es muy dulce y siempre quiere participar en todo, dice que lamenta no poder amamantar.

    Muy interesante :)

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    1. Pues esos son los buenos Madre exilio! No lo dejes pasar! jeje ;)

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  4. Yo ya comenté en el otro post pero insisto en que si a mí mi marido me hace salir de la cama recién parida y encima tengo que servirle lo tiro por la ventana.

    Personalmente me parece una tradición muy fea. No hace falta sacar a la madre de la cama o hacer gritos como si se estuviese pariendo para ser partícipe de un nacimiento. No sé, no me gusta.

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    1. Jeje...pues sí, también se pueden poner los dos en la cama, por ejemplo, no te parece? ;)

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  5. Pues sí, por qué no? Aunque teniendo en cuenta que mi primer parto fue de 18 horas y con una episotomia tremenda casi que lo prefería fuera de la cama y sirviendome él a mi jaja!

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  6. Es sorprendente como poco, no se como asumirlo...parece bonito que el hombre quiera sentirse como una recien parida. Lo de servirle y demás, fruto de otras épocas no tan lejanas.

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    1. Pues en parte, como dices es bonito y entrañable esas ganas de parir y estar con el niño...pero vaya, como decía mas arriba se podrían haber puesto los dos! Un parto múltiple per al revés..jeje...;)

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  7. Qué interesante! Nunca había oído hablar de esta costumbre! Ese libro debe de ser una joya!!

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