Mostrando entradas con la etiqueta País Vasco. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta País Vasco. Mostrar todas las entradas

Puérperas. La historia de las mujeres recién paridas (I)

Ya he contado en otras ocasiones la historia de esa mujer india que se escandalizó cuando un antropólogo le contó que en su país los niños solo contaban con sus madres biológicas para que les cuidaran. 

También hablé en un post de los peligros de las soledad y la maternidad que se anuncían en casi todas las culturas populares...

En la cultura mapuche dicen que si las mujeres paren solas puede venir un mal espiritu entrar en sus cabezas y hacerlas volver locas. 

En algunas zonas de la Italia preindustrial se decía que si se dejaban a las mujeres y niños solos después del parto, venían los malos espírtus. Leyendas parecidas se contaban ya en época romana, sobre el peligro de dejar solos a los bebés en sus cunas.

Son pinceladas de una escena que se repite...la madre y la cría recién nacidas viven una de las etapas de más fragilidad para ambas: el peurperio. 

Como comentaban en un post anterior, las mujeres han acostumbrado a separarse del grupo en sus períodos del sangrado en la menstruación.

También cuando acababan de parir, era un momento de sepración del cuerpo social. Se conocen tabús para entrar en recintos sagrados desde época clásica.  
Es un encierro que se tiñe de excepcionalidad. 

Un grupo de mujeres son las encargadas de recibir la nueva vida que llegó a la comunidad. Una vida frágil decidió con determinación salir de su plácida vida intrauterina. Valiente, salta al ruedo para vivir la vida. Allí le espera el cuerpo de su madre en las felices ocasiones que el parto va como debería. 

Las primeras horas, los primeros días, son fundamentales. Hay que cuidar con esmero a mujer y cría. Sobretodo a la mujer, porque a través de ella y su cuerpo se cuida a la nueva personita.

Esos días tan delicados no siempre iban bien. Demasiadas veces se convertían en días de luto.

El poema que os muestro a continación data del siglo XV. Está dedicado a Milia de Lastur. Quién sabe si delante de su tumba, después de un funesto parto, su hermana le cantó,

Zer ote da andra erdiaren zauria?
Sagar errea, eta ardo gorria.
Alabaina, contrario da Milia:
Azpian lur hotza gainean harria. 

Cúal es la la herida del parto?
Manzanas asadas y vino rosado
Aún asi, al contrario de Milia:
Debajo la tierra fría, encima la losa. 



Sin controles médicos, sin "sabiduría clínica específica", las sociedades preindustriales pusieron en marcha una receta bastante similar para superar el escollo: compañía continuada de mujeres con experiencia y comida específica para el momento.

Mujeres en Madrid, 1959

Como comida, reconstituyentes caldos de carne en casi todas partes. Esos caldos que ser hacen poco a poco, que necesitan de gente en la cocina merodeando, mujeres casi siempre.

Las mismas mujeres que meterán las manzanas del poema en el las brasas para asar. Las mismas que llenarán un vaso de vino para la recién parida...y acompañantes. 

La compañía de las mujeres a veces tenía forma de celebración. Leía el otro día sobre ritos en torno al nacimiento en el País Vasco. Se hace referencia en muchos pueblos a estas celebraciones femeninas que comemoraban el nacimiento. Estas fiestas "paganas" se dice que cobraban más importancia que el bautizo eclesiástico.

A veces al día siguiente del nacimiento, a veces al cabo de una semana o dos o justo al final de la cuarentena...entonces llegaban las vecinas, las familiares, las que habían asistido al parto...todas mujeres, todas con algo bajo el brazo. Normalmente dulces y otras comidas, a veces se juntaba dinero en una hucha.

Presentes de ida y vuelta, hasta que otra tuviera otro niño y entonces la que había recibido se dirigiría a la otra casa. Una rueda inacabable de favores, apoyos y ayudas. 

Estas fiestas recibían nombres concretos:

Matropilak (las tortas de las madres) , ermakeriak o emarkeixa (las cosas de las mujeres), atsolorrak o atsolorreta (los trabajos de las viejas), berendua enbrakariak (las mierendas de las hembras), vianda de la parida, atsobesta (la fiesta de las viejas), andraikustea (la visita de las mujeres).

El hecho de nombrar la celebración nos da pistas de su importancia. De su singularidad. Da la impresión, de hecho, que los nombres fueran dados con suspicacias. Todos ellos tienen ciertas connotaciones en negativo.

La confirmación de su importancia y de lo suvbertivo que llegaron a ser estas reuniones femeninas nos la da el hecho de que acabaran prohibiéndolas. 

"Las paridas guardan cama unos ocho días. Combalecidas que sean concurren parientas y amigas a visitarlas en un dia destinado con regalos de capones, gallinas, huevos, chocolate y otras cosas, no obstante deestar proivido por la ley semptima del titulo 35 del fuero de este señorío". 

"Otros diceno que en Viscaya acostumbra las mujeres yr a visitar a otras mugeres (cuando estan paridas) acompaladas con presentes, llevando las mozas cargadas de presentes y de esto tal resulta daño en la tierra. Por evitar ordenaron, mandaron y establecieron por ley, que de aquí en adelante ninguna muger, ni moza sea osada de ir ni vaya publica, ni secretamente a visitar ninguna otra muger, que esté parida, con presentes publicos llevando mozas cargads con cestas, ni en otra manera..."

Ordenanzas de la Villa de Bilbao (1567) "Mugeres no bayan a bisitar las paridas mas de seis "Colaciones ni cosas de a cucar no se den en bodas bateos ni en partos de mugeres ni otras cosas"

Y nos preguntamos porqué, el significado real y profundo de estas prohibiciones.

En el próximo post, veremos como se salía del encierro del puerperio. Las medidas que debían tomar las mujeres para reintegrarse a la comunidad.

(Gran parte de la entrada la he hecho gracias a las informaciones recogidas en el libro "Ritos del nacimiento al matrimonio en Vasconia")

En el umbral

Encierro y mujer. Dos palabras que se han asociado muchas veces a lo largo de la historia.

Detrás de esas palabras viene otras: límites, fronteras y el umbral: el paso del encierro al exterior.

Umbral (antiguamente lumbral) es una palabra compuesta, de hecho por dos: lumbre y limes. Hogar y frontera. Una palabra entre dos mundos: exterior, interior.

Tal vez, uno de los primeros encierros que se conocen es el que tiene que ver con el sangrado de la menstruación. En muchas culturas las mujeres se separan del tejido social cuando tiene la regla. Lo que no se sabe seguro, pero parce bastante posible, es si estás separaciones son voluntarias y buscadas por las mismas mujeres. Así lo afirman algunos investigadores (Esther Harding, B. Bethelheim, A. Rich...)

Los períodos de menstruación no eran tan constantes como los tenemos ahora. Las mujeres que no han estado viviendo en un mundo capitalista tiene de media menos de la mitad de periodos que nosotras. Son mucho más irregulares, entre otras cosas porque paren más y tiene lactancias más prolongada*.

Así, debemos imaginar la vida de las mujeres diferente a la nuestra, con periodos de reclusión y fuerte introspección, en donde solo entrarían en contacto con otras mujeres.

Mujeres encerradas por propia voluntad. Sangrando. Una sangre que no es muerte, sinó vida.

Lo que allí pasaría sería percibido por los hombres como parte de un misterio. 

Tengo la impresión que lo que en su momento Freud catalogó como "envidia del pene" es bastante aproximado a lo que en realidad los hombres experimentaron al ver la capacidad creadora y de gestación de las mujeres, la capacidad de sangrar sin padecer. Lo que tal vez Freud quiso decir fue "envida del parto", quién sabe.

Existe un mito persa de la creación del mundo. En aquél mito la mujer crea el mundo (...). Da a luz un gran número de hijos. Estos, asombrados por este acto que ellos no pueden repetir, se asustan "¿Quién nos asegura -piensan- que ella, capaz de darnos la vida, no puede  también quitárnosla?". De modo que, a causa del temor que inspira este misterio y su posible contrapartida, la matan.

(citado en Nacemos de Mujer, p. 110, A. Rich)

De la envidia al miedo. Oprimida y temida. Débil y mágica. 

Quién sabe si a raíz de este miedo por el poder de la gestación, probablemente las circumpstancias van más allá y son más complejas pero, el caso es que los hombres  construyeron un entramado social donde ellos detentaron el poder.

En algunas sociedades patriarcales fueron más allá y la reclusión se convirtió en permanente y obligada. Encerraron a sus mujeres.

Hace poco publicaba un post donde contaba cómo la vida de las mujeres atenienses transcurría, básicamente, dentro de las cuatro paredes de su casa, porque no estaba bien visto que salieran de allí.
No es fácil para nosotras, mujeres occidentales, imaginarnos el ambiente y pensaimentos de las mujeres que han vivido y viven encerradas, junto con sus hijos, en las casas familiares.
Contaba Fátima Mernisi en su libro "Sueños en el Umbral" sus pensamientos cuando era pequeña y vivía en un Harén marroquí (lo más parecido, desde mi punto de vista a lo que sería la vida en una casa ateniense)

Existe armonía cuando cada grupo respeta los límites de los demás; la transgresión sólo causa pena y desdicha. Pero las mujeres soñaban con ella continuamente. Su obsesión era el mundo del otro lado del umbral. Fantaseaban durante todo el día con pasear por calles desconocidas.
Desde entonces buscar la frontera se ha convertido en la ocupación de mi vida. La angustia me consume cuando nu puedo situar la línea geométrica que organiza mi perplejidad. 
Mi infancia fue feliz porque las frontareas eran claras como el agua.Podía sentarme en el frío umbral de mármol blanco, pero no podía reunirme con mis primos mayores que ya estaban jugando.

Cuando salían, seguían con el encierro a cuestas poniéndose un velo, las mujeres atenienses.

Mujer griega con velo, Terracota, II aC, Capua


Las vasijas griegas donde aparecen mujeres estas se representan, en muchas ocasiones, en el umbral, cerca del marco de la puerta. En ese espacio de transición entre fuera y dentro en el que las mujeres empiezan a estar indefensas, están entre dos mundos, femenino y masculino.


Crátera figuras rojas. Louvre (K 404)

Otro encierro, este ha durado hasta más adelante y del que quiero extenderme en otra ocasión, es el puerperio, la llamada cuarentena. Después de dar a luz, en la mayoría de sociedades, las mujeres se quedan en casa sin salir. Con la ayuda de otras mujeres sobrellevan estos primeros días de maternidad. 
Si en algú momento querían salir a la calle por necesidades imperiosas, también tenían manera de llevarse la casa a cuestas, por ejemplo algunas iban tapadas con una teja o, de nuevo, un pañuelo en la cabeza.

Mujer con teja, Euskalherriaren Jakintza, 1935



                                                    .....................




*Si os interesa profundizar en los ciclos menstruales preindustriales os invito a concer la página de Tania, donde ha traducido algunos artículos interesantes al respecto

**Otra bibliografia para ampliar:

Aphordite's Tortoise. The Veiled woman of ancient greece.
Ifigenia entre puertas. La iconografía y la "Ifigenia en Táuride" de Eurípides

La trastienda de las presentaciones

La trastienda es ese cuarto situado detrás del mostrador. La parte privada de las tiendas. Antes era, en muchas ocasiones, parte fundamental, muchas veces la vivienda de la familia que llevaba el negocio.

Detrás de la parte pública hay ese lugar escondido. Unas pequeñas cortinas, que casi no esconden nada, unos ruidos de niños que trastean, unas mujeres que charlan de manera desenfadada, quién sabe si a veces hasta se podía oler el caldo que estaban preparando. 

Trastienda de una farmacia. Enlace


Esta semana vamos a presentar el libro en mi casa, viene mi compañera de autoría, Mariona Visa, a visitarme y nos acercaremos a ver a las chicas de Café para Madres en Bilbao y el sábado vamos a Vitoria, mi ciudad, para compartir con mis comadres conversaciones, dudas y demás. 

Me siento emocionada y contenta. Aunque confieso que mi trastienda anda revuelta. Tengo la pequeña con fiebre, se me agolpan un poco los compromisos y estoy un poco estresada. 

Tengo un poco de pudor, porque me preocupa que desde este mostrador desde el que hablo, concedo entrevistas, se pueda oír algun lloro de mi hija o más ruido del habitual...

Por suerte, detrás de las cortinas vendrán brazos a sostenerme y mi chico estará allí mientras os atiendo en el mostrador. 

Espero que aquellos que podáis vengáis a visitarme!

Aquí os paso el enlace con los detalles de las presentaciones.